martes, 19 de noviembre de 2019

No entra nadie más

"No empuje, no entra nadie más."
exige una persona, a otra que intenta subir al subte.
"Disculpe, tengo que ir a trabajar".
"Lo siento, no entra nadie más".
"Si no subo a este, me restan el presentismo"
"No es mi culpa, no entra nadie más".

Curioso concepto: "No entra nadie más".

Porque quien lo dice siempre está en viaje.
No es quien llega tarde al trabajo,
no es quien pierde el presentismo,
no es quien lidia con ese rechazo cada mañana en la misma estación".

Y como si fuera poco,
se pretende que quien queda fuera,
no grite, no chiste, no se queje...
No empuje.
Debe aceptar la exclusión,
con "educación" y "dignidad",
sin molestar al que está en viaje.
Debe someterse a la suerte que le tocó.

"Que se levante antes;
que se mude a otra estación;
que se tome un bondi.
Pero que no empuje,
que no entra más nadie".

¿Por qué aceptar esta realidad?
¿Por qué naturalizar que muchos queden afuera?
¿Y si reclamamos que debe alcanzar para todos?
"Ah no sé, que se quejen los que se quedaron fuera".

Cada tanto se escucha algo distinto.
"Nos apretamos, no se preocupe".
"Un paso más para el centro, por favor".
"Yo le sostengo la mochila, así entra".
Pero son paleativos;
muy lejos de ser solución.

Tal vez es cuestión de internalizar,
que somos compañeros y no rivales;
que viajamos en el mismo tren;
y que el tren DEBE llevarnos a TODOS.

Cuidar al otro es también cuidarse a uno,
es cuidar a los propios.
Porque hoy podés estar en viaje,
pero nada ni nadie te asegura el mañana.
Y si te toca estar del otro lado,
no te gustará que te digan:
"No entra nadie más".





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