Antes que me salten al cuello los defensores del amor real (el puro, el único), quisiera aclarar que esta publicación lejos está de pretender que nos conformemos, sino más bien de quitarnos de encima prejuicios y de escuchar lo que nos dice la vida.
Hay una frase de humor que es recurrente en mis pensamientos: "si quieres hacer reír a Dios, cuéntale tus planes". Bueno, misma aplicación para el amor.
No seamos pretenciosos con el amor implica entender que no estamos en posición de exigirle nada, sino más bien de valorar lo que nos da. "Quiero una pareja que sea: más alta, más baja, más grande, más chica, profesional, artista, con auto y con casa, sin apego por lo material, que gane más que yo, que no gane más que yo, que viva en mi barrio, que sea extranjera, musculosa, rellenita, rubia, morocha, pelirroja, castaña, pelada, sin hijos, con hijos, que se vista a la moda, que no respete las reglas pre impuestas, que sea apolítica, que milite en un partido, que le guste el vino, que sólo tome agua..." Y puedo seguir por horas.
Si sólo buscan una pareja para tener, como quien se compra un sillón, pues adelante. Elijan del mercado lo que más se ajuste a sus ideas de la pareja ideal. Incluso les diría que no sigan leyendo esto; para ustedes será una pérdida de tiempo.
Ahora, si son personas que creen en el amor real, que van en búsqueda del amor puro, el amor que eleva el espíritu, comprendan que ya es bastante difícil de lograr como para además ponerle pretensiones. Lo único exigible es que se trate de un amor sano, en el que el respeto, la lealtad, la amistad y la dedicación no se negocien. Obviamente también tienen que estar la compatibilidad y la atracción sexual, conformando los tres pilares de los que hablé en otra publicación. Sin eso imposible que funcione. Todo lo demás no es controlable ni parametrizable.
A veces tenemos al amor golpeando a nuestra puerta, pero como no encaja en las pretensiones superficiales no lo dejamos pasar. Y si aún no está golpeando recuerden esto: no seamos pretenciosos. Lo que vivamos con la persona especial será tan intenso que es ridículo perdérselo por unos cuantos requisitos caprichosos.
Decía El Principito: sólo con el corazón se puede ver bien. Lo esencial es invisible a los ojos.
Amén a eso.